Como el calumniador busca rumores
porque no son palabras ni tampoco el silencio.
Así te busco a ti,
donde no hay nadie
y ya nada es verdad:
ni la vida
que vives
es tu vida,
ni la casa en que duermes es tu casa,
ni lo que va a pasarte es tu destino.
Como quien va a una plaza a andar entre palomas,
así me acerco a ti.
Quiero tu corazón,
tu nombre atravesado por espadas azules;
quiero tu mente llena de torres encendidas,
tu piel, su nieve en llamas,
su alud sin frío.
Mi amor,
todo es tan simple:
en la llave que hoy usas hay mil puertas cerradas
y en mis manos
terminan las líneas de tus manos.
No te asustes.
No mires hacia la oscuridad.
Yo haré un puente que cruce de tu casa vacía
a mi casa vacía.
Nunca serás feliz si sales de mis sueños.
IV
Yo no quiero
que seas
una luz
en medio del naufragio;
que te salpique
el agua
amarga
de mi vida.
Yo no quiero tu ayuda,
sólo
quiero
tu amor.
Yo no quiero
decirte
que hay un mundo
en el que una promesa
es ya media mentira
y el corazón oculta
un hipódromo rojo donde corren
la deslealtad
contra la ingratitud.
Yo no quiero
que pises
el lodo de la usura;
ni que tu piel
la toquen con sus látigos
el odio
y el rencor.
Yo no quiero
que vengas
hacia mí,
sólo quiero
que me lleves contigo.
No preguntes,
mi amor,
sea la levadura de la felicidad.
Porque existen verdades
que podrían
dejar su mancha en ti
como deja la pluma
sobre el papel el blanco
su gota de pantera.
No preguntes,
mi amor,
porque hay historias
que contagian abismos
que extienden cicatrices,
que son
la abreviatura
de un veneno.
